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Las guerreras del ”mal de ojo”

En Ayacucho, Santa Ana hay varias sanadoras del ”mal de ojo”.
Mitilene Gómez supo que tenía que aprender a curar el mal de ojo desde que una de su hijas murió de aquello.

Fue hace 40 años en la parroquia Ayacucho, del cantón Santa Ana. En ese tiempo los médicos de los pueblos eran pocos y las inyecciones empezaban a ser la solución para todo.
La hija de Mitilene, de 10 meses de nacida, tenía fiebre, dolor de cabeza y vómito. La llevó donde un doctor y le inyectaron una sustancia que ahora no re­cuerda ni quiere recordar. Luego empeoró y falleció.
Por esos tiempos conoció a don Francisco Rezabala, un hombre que era “men­tado” por sus manos “san­tas” para curar el mal del ojo y otros males del cuer­po.
Ella le contó lo de su hija y el hombre le dijo que los síntomas eran de “ojeada”. Porque de qué otra cosa se podía enfermar uno en esos tiempos, si no era de “ojo” o las enfermedades de “gula” que eran por be­ber o comer mucho, cuen­ta Mitilene.
Entonces decidió ponerle asunto a don Francisco y empezó a aprender las des­trezas de sacar las energías que se transmiten con las miradas de odio o los exce­sos de cariño de las perso­nas.
Es que eso es el “mal de ojo”, dice Mitilene. Ener­gías buenas o malas que salen de las miradas y se clavan en el ser humano, enfermándolo.
Aprendió cada detalle. Cada monte que se utiliza para terminar con la do­lencia.
En su patio sembró hierba­buena, orégano, albahaca, Jhonson rojo y blanco para curar a sus pacientes. Todo esto combinado en una bo­tella de aguardiente hacen el antídoto más potente para los ojeados. Cosa se­ria.
Eso sí, ella cura con la obra y gracia del “hermanito” Gregorio. Con una oración que le hace al santo para que nadie se le vuelva a morir.
CURANDERA. Rosa Za­mora tiene una lucha cons­tante contra el “mal de ojo”.
Dice que aprendió a curar­lo de la señora Adelaida Farfán. Ella con tan solo tocar el pulso podía saber si la persona estaba ojeada. Era muy sabia, cuenta.
Tenía sus montes y sus pre­parados para curar.
Rosa cree que en el “mal de ojo” como cree en el es­panto de los niños.
Muchas veces ellos se asus­tan y eso los enferma, se­ñala.
Dice que los que padecen de susto cuentan que el “Cuco” los persigue, que los atosiga.
Y eso no es más que espí­ritus malos que “no están en la gracia de Dios” y se dedican a atormentar a las personas, dice mientras se persigna.
Los médicos también creen en eso, cuenta Rosa. Incluso hay algunos que antes de revisar a sus en­fermos los envían donde ella para descartar que no sea mal de ojo.
Y para muestra tenemos al doctor Hilario, señala. A él le curó a un compadre.
También curó a un niño que lo sacaron moribundo del hospital. Estaba flaqui­to, tanto, que el cuello le cabía en una mano.
Le dio un baño con los montes y después un poco de consomé en baño de María. Un caldo de paloma que le levanta el ánimo a cualquiera y saca las malas energías. “Eso se lo asegu­ro”, expresa. “Como que me llamo Rosa Zamora, el terror del mal de ojo”.

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